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El hombre y la democracia

El presente libro es una obra de Lukacs que se publicó póstumamente, por primera vez, en 1985. El libro había sido redactado por Lukacs durante 1968,  de abril a noviembre de ese año . El libro debía ser editado en Alemania Federal e Italia, pero la publicación quedó frustrada, y la obra no fue acabada

            La obra es en primer lugar una defensa de la democracia. Lukacs desarrolla en la primera parte una admirable y breve estudio de la historia de la democracia y de cómo la tradición de la democracia es el origen y la matriz del pensamiento de Marx. Desarrolla además la idea de que la democracia es un proceso. Que no queda concluido cuando se alcanza el sufragio, sino que se trata de democratizar todas las relaciones sociales de la sociedad civil. Es en este proceso donde la democratización de las relaciones sociales de producción, esto es el socialismo, tiene su lugar lógico.

En la segunda parte hace una defensa de la prioridad de la política. Insiste en que la política es el instrumento que debe servir para realizar las esperanzas que las clases populares tienen y pasa a explicar que ese dilema aparentemente académico está en el origen de la desviación de la revolución rusa de 1917. Según Lukacs, lo que denominamos estalinismo es una variante particularmente feroz de una elaboración del marxismo  fraguada por la socialdemocracia alemana -en concreto por Kautsy-, y que presentaba las ideas de Marx como una teoría del desarrollo económico. La influencia de esta distorsión economicista del pensamiento de Marx en el partido socialdemócrata ruso anterior a la revolución y en el partido comunista soviético posterior a 1917 era abrumadora. Solo Lenin tenía una concepción diferente. En efecto las otras corrientes del partido consideraban que el desarrollo económico de su sociedad debía ser la prioridad fundamental de la política, pues en ese estadio de desarrollo económico se alcanzaría el socialismo. Por tanto y en consecuencia, la actividad política debía funcionar como un instrumento al servicio del desarrollo económico acelerado: La política debía estar al servicio de la economía. No se debía tener escrúpulos en adoptar todas las medidas que exigiera la necesidad de acumular para desarrollar la industria etc. Si eso significaba la expropiación de la parcela de tierra a los campesinos o cualquier otra medida, esa debía ser adoptada, sin reparar el los medios. Sin embargo, para Lenin, la política , y muy destacadamente la política económica, debía ser considerada no como un fin en sí, sino como un instrumento al servicio del afianzamiento de un bloque social popular, mayoritario, que había hecho la revolución y la había hecho a partir de sus propios anhelos y esperanzas de futuro. La mayoría de la sociedad soviética estaba formada por un campesinado que aspiraba a la parcela de tierra y había hecho, por ella y por el deseo de paz, la revolución. Afianzar el nuevo régimen significaba que las masas populares lo sintiesen suyo, y esto implicaba que el poder político, a su vez, debía hacer suyas las metas populares. Si los campesinos reclamaban la parcela, el poder político popular debía dársela. La propia economía debía ser un instrumento al servicio de la política, y ésta un instrumento de realización de la voluntad popular.

            Las interpretaciones economicistas del marxismo, en concreto, la de Stalin planteaban lo contrario

Pero sin esta inversión de la relación entre política y economía, que, Lukacs explica, era la de Lenin, no resulta posible plantearse la democracia. Como sabemos por nuestra experiencia, donde rigen libremente, desreguladamente, los intereses económicos, el mercado, la democracia se adelgaza y deja de tener entidad. La explicación que Lukacs nos expone –él era el único que quedaba vivo en los años 60 de los que habían conocido desde dentro los debates del partido comunista soviético durante los años veinte- resulta enormemente esclarecedora. No solo para el pasado sino para repensar el marxismo para el presente. Un marxismo que debe ser político y res publicano

            Algunas ediciones del libro aconsejan la lector actual, que no conoció los debates de los años sesenta, periodo  en que se escribió este libro, comenzar su lectura por esta segunda parte del texto.

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