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Karl Marx

Nacido el 5 de mayo de 1818, provincia del Rhin, Prusia.

Fallecido el 14 de marzo de 1883, Londres.


Karl Heinrich Marx, revolucionario, sociólogo, historiador y economista. Publicó junto a Friedrich Engels el Manifest der Kommunistischen Partei (1848), generalmente conocido como El Manifiesto Comunista, el panfleto más celebrado en la historia del movimiento socialista. Fue también el autor del texto más importante del movimiento, El Capital. Estos escritos y otros junto a Engels, formaron las bases del cuerpo de pensamiento y creencias conocido como Marxismo.

 

Primeros años.


Karl Heinrich Marx fue el mayor de los supervivientes de nueve hermanos. Su padre, Heinrich, un abogado exitoso, fue un ilustrado devoto de Kant y Voltaire que tomó parte en las luchas por una constitución en Prusia. Su madre, Henrietta Pressburg, era holandesa. Ambos padres eran judíos, descendientes de una larga estirpe de rabinos, aunque aproximadamente un año antes de que Karl naciera, su padre, -probablemente porque su carrera profesional lo requería,- se bautizó en la Iglesia Evangélica instituida. Karl fue bautizado a la edad de seis años. Aunque de joven Karl fue menos influido por la religión que por la política crítica, social y radical de la Ilustración, sus antecedentes judíos lo expusieron al prejuicio y la discriminación, que pueden haberle llevado a cuestionar el papel de la religión en la sociedad y contribuido a su deseo de cambio social.

 

Marx fue educado desde 1830 a 1835 en la escuela secundaria de Trier.  Sospechosa de albergar profesores y alumnos liberales, la escuela estaba sometida a vigilancia policial. Los escritos de Marx de este periodo, exhibían un espíritu de devoción cristiana y un anhelo de autosacrificio en nombre de la humanidad. En octubre de 1835 se matriculó en la Universidad de Bonn. Los cursos a que asistió eran todos de humanidades, en asignaturas como mitología grecorromana e historia del arte. Participó en actividades estudiantiles habituales, luchó en duelo, y pasó un día en la cárcel por embriaguez y desorden. Presidió el Club de la Taberna, que estaba enfrentado a las asociaciones de estudiantes más aristocráticas, y se unió a un club de poetas que incluía algunos activistas políticos. La cultura de estudiantes políticamente rebeldes era, de hecho, parte de la vida en Bonn. Muchos estudiantes habían sido arrestados, algunos fueron expulsados en tiempo de Marx, particularmente como resultado del intento de algunos estudiantes de irrumpir en una sesión de la Dieta Federal en Frankfurt. Marx, sin embargo, dejó Bonn después de un año, y en octubre de 1836 entró en la Universidad de Berlín para estudiar leyes y filosofía.

 

La experiencia crucial de Marx en Berlín, fue su introducción en la filosofía hegeliana, reinante allí, y su adhesión a los jóvenes hegelianos. Al principio, sintió rechazo por las doctrinas de Hegel. Cuando Marx se sintió hastiado, fue parcialmente, tal como escribió a su padre, “por la intensa desesperación de tener que hacer un ídolo de una visión que yo detestaba.”  La influencia hegeliana en la cultura estudiantil revolucionaria era poderosa, sin embargo, y Marx se unió a una sociedad llamada el “Club de Doctores”, cuyos miembros estaban intensamente implicados en el nuevo movimiento filosófico y literario. Su figura predominante era  Bruno Bauer, un joven profesor de teología, que estaba desarrollando la idea consistente en que los Evangelios cristianos eran un registro no de historia, sino de fantasías humanas que surgen de necesidades emocionales, y que Jesús no había sido una persona histórica. Marx se apuntó a un curso de clases dadas por Bauer, sobre el profeta Isaías. Bauer enseñaba que una nueva catástrofe social más extraordinaria que la del advenimiento del cristianismo se estaba gestando. Los jóvenes hegelianos empezaron a moverse rápidamente hacia el ateísmo y también a hablar vagamente de acción política.

 

El gobierno prusiano, temeroso de la subversión latente en los jóvenes hegelianos, pronto asumió  echarlos de las universidades. Bauer fue expulsado de su puesto en 1839. El amigo más íntimo de Marx en este periodo, Adolph Rutenberg, un veterano periodista que había sufrido una sentencia de prisión por su radicalismo político, apostaba por un compromiso social más profundo. Hacia 1841, los jóvenes hegelianos se habían convertido en republicanos de izquierda. Los estudios de Marx, mientras tanto, se retrasaban. Alentado por sus colegas, presentó una tesis doctoral en la Universidad de Jena, que era conocida por su laxitud en los requerimientos académicos, y obtuvo su graduación en Abril de 1841. Su tesis analizaba a la moda hegeliana, la diferencia entre las filosofías naturales de Demócrito y Epicuro. Más exactamente, parecía  un desafío prometeico:

La filosofía no hace secreto de ello. La confesión de Prometeo:” En verdad odio a todos los dioses”,  es su propia confesión, su propio motto contra todos los dioses,...Prometeo es el santo y mártir más noble en el calendario de la filosofía.

 

En 1841, Marx, junto con otros jóvenes hegelianos, fue muy influido por la publicación de Das Wesen des Christentmus (1841), “La esencia del cristianismo”, de Ludwig Feuerbach. Su autor, en opinión de Marx, criticó con acierto a Hegel, un idealista que creía que la materia o la existencia era inferior y dependiente de la mente o espíritu, frente al punto de vista opuesto, el materialista, que mostraba cómo el Espíritu Absoluto era una proyección de “el hombre real”. A partir de aquí, los esfuerzos filosóficos de Marx se encaminaron hacia una combinación de la dialéctica hegeliana,-la idea de que todas las cosas están en un proceso de cambio continuo, como resultado de los conflictos entre sus aspectos contradictorios,- con el materialismo de Feuerbach, que situaba las condiciones materiales por encima de las ideas.

 

En Enero de 1842, Marx comenzó a colaborar con un periódico recién fundado en Colonia, La Gaceta Renana. Era el órgano democrático liberal de un grupo de jóvenes comerciantes, banqueros e industriales. Colonia era el centro de la parte industrialmente más avanzada de Prusia. A este periodo de la vida de Marx, pertenece un ensayo sobre la libertad de prensa. Dado que entonces daba por sentado la existencia de normas morales absolutas y principios universales de la ética, condenó la censura como un mal moral que supone espiar la mente y el corazón de las personas, y asigna a pobres y malévolos mortales, poderes que presuponen una mente omnisciente. Creía que la censura sólo podía tener consecuencias perversas.

 

El 15 de octubre de 1842, Marx se convirtió en editor de la Gaceta Renana. Como tal, estaba obligado a escribir editoriales sobre una variedad de temas sociales y económicos, que iban desde el alojamiento de los pobres de Berlín, y el robo de leña por los campesinos en los bosques, hasta el nuevo fenómeno del comunismo. Encontró el idealismo hegeliano de poca utilidad en estos asuntos. A la vez, se iba distanciando de sus amigos hegelianos, para los que “épater le bourgeois”, era un modo de actividad social que colmaba sus aspiraciones. Marx, amistoso por esa época con los “hombres prácticos de mentalidad liberal”, que estaban luchando paso a paso por la libertad dentro de los límites constitucionales, consiguió triplicar la circulación de su diario, y convertirlo en un periódico principal de Prusia. Sin embargo, las autoridades prusianas lo suspendieron por ser demasiado franco, y Marx acordó coeditar con el hegeliano liberal Arnold Ruge una nueva revista, los Anales Franco-Alemanes, que debieron ser publicados en París.

 

Antes sin embargo, en junio de 1843, Marx, tras un compromiso de siete años, desposó a Jenny von Westphalen. Jenny era una atractiva, inteligente y muy admirada mujer, cuatro años mayor que Marx. Provenía de una familia distinguida introducida en el ejército y la administración. Su hermanastro posteriormente devino un gran reaccionario ministro del interior prusiano. El padre de Jenny, seguidor del socialista francés Saint-Simon, apreciaba a Karl, aunque otros en su familia se oponían al matrimonio. El padre de Marx también temía que Jenny acabase convirtiéndose en una víctima del demonio que poseía a su hijo.

 

Cuatro meses después de su matrimonio, la pareja se fue a París, que por entonces era el centro del pensamiento socialista y de las sectas más extremas que se escondían bajo el nombre del comunismo. Aquí, Marx se hizo revolucionario y comunista, y empezó a asociarse con sociedades comunistas de trabajadores franceses y alemanes. Sus ideas eran, a su juicio, “completamente rudimentarias y sin inteligencia”, pero su carácter le conmovió: “La hermandad del hombre no es una mera frase entre ellos, sino un hecho de la vida, y la nobleza del hombre brilla sobre nosotros desde sus cuerpos curtidos”, escribió en sus Manuscritos económico-filosóficos, escritos en 1844. Estos manuscritos no se publicaron hasta pasados cien años, pero son muy importantes porque muestran el trasfondo humanista de sus posteriores teorías históricas y económicas.

 

Los Anales franco-alemanes tuvieron una vida corta, pero gracias a ellos Marx se hizo amigo de Friedrich Engels, un colaborador que se convertiría en su socio para toda la vida. En sus páginas, apareció el artículo “Crítica de la filosofía hegeliana del derecho”, con su famosa afirmación: “la religión es el opio del pueblo”. En ese escrito, así mismo, llamó por primera vez a la “insurrección del proletariado” para realizar las concepciones de la filosofía. Una vez más, sin embargo, el gobierno prusiano intervino contra Marx. Fue expulsado de Francia y recaló en Bruselas –seguido por Engels,- en febrero de 1845. Ese mismo año, en Bélgica, renunció a su nacionalidad prusiana.

 

Periodo de Bruselas.

 

Los dos años siguientes en Bruselas profundizaron la colaboración entre Marx y Engels. Engels había visto de primera mano, en Manchester, donde una delegación de la firma textil de su padre se hallaba, los aspectos más deprimentes de la Revolución Industrial. Él también había sido un joven hegeliano y había sido convertido al comunismo por Moses Hess, quien era llamado el “rabino comunista”. En Inglaterra se asoció con los seguidores de Robert Owen. Y ahora, encontrando que compartía con Marx los mismos puntos de vista, combinaron sus recursos intelectuales para publicar La Sagrada Familia, (1845), una crítica prolija del idealismo hegeliano del teólogo Bruno Bauer. Su siguiente trabajo, escrito en 1845-46 y publicado en 1932, La Ideología Alemana, contenía la exposición más completa de su concepción materialista de la historia, que empezaba a mostrar cómo, históricamente, las sociedades se habían estructurado para promover los intereses de la clase dominante económicamente. No encontraron editor y el texto permaneció desconocido durante la vida de sus autores.

 

Durante sus años en Bruselas, Marx desarrolló sus puntos de vista, y en medio de polémicas con los líderes del movimiento obrero, estableció su modelo intelectual. En 1846 condenó públicamente al líder alemán Wilhelm Weitling por sus proclamas moralistas. Marx insistía que la fase de la sociedad burguesa no podía ser omitida. El proletariado no podía simplemente saltar hacia el comunismo. El movimiento obrero requería unas bases científicas, no frases moralistas. También polemizó con el pensador socialista francés Pierre Joseph Proudhon, en su Miseria de la filosofía (1847), un ataque mordaz al libro de Proudhon titulado Filosofía de la miseria. Proudhon quería unir los mejores elementos de contrarios tales como competición y monopolio. Anhelaba conservar los elementos positivos de las instituciones económicas y eliminar los malos. Marx, sin embargo, afirmaba que no había equilibrio posible entre los antagonismos en cualquier sistema económico dado. Las estructuras sociales eran formas históricas transitorias determinadas por las fuerzas productivas: “La máquina manual produce una sociedad con un señor feudal, la máquina de vapor, una sociedad con un capitalista industrial.”

La manera de razonar de Proudhon, según Marx, era típica del pequeño burgués que no acertaba a ver las leyes subyacentes de la historia.

 

Una secuencia inhabitual de sucesos, condujo a Marx y Engels a escribir su panfleto El Manifiesto Comunista. En junio de 1847, una sociedad secreta, La Liga de los Justos, compuesta principalmente de artesanos alemanes emigrados, se reunió en Londres y decidió formular un programa político. Enviaron un representante a Marx para pedirle que se uniera a la Liga. Marx superó sus dudas, y junto a Engels se unió a la organización, que a partir de entonces cambió su nombre por el de Liga Comunista y proclamó una constitución democrática. Encargado de la tarea de elaborar su programa, Marx y Engels trabajaron desde mediados de diciembre de 1847 hasta fines de enero de 1848. Los comunistas londinenses estaban impacientes y ya amenazaban a Marx con medidas disciplinarias, cuando les envió el manuscrito. Rápidamente fue adoptado como su manifiesto. Enunciaba la proposición de que toda la historia hasta entonces había sido la historia de la lucha de clases, resumía concisa y expresivamente la concepción materialista de la historia establecida en La Ideología Alemana, y afirmaba que la  venidera victoria del proletariado pondría fin a la sociedad de clases para siempre. Criticaba implacablemente todas las formas de socialismo fundadas en telarañas filosóficas tales como la alienación. Rechazaba el advenimiento de “utopías sociales”, pequeños experimentos en comunidad, como obstáculos a la lucha de clases y por lo tanto como “sectas reaccionarias”.  Planteaba diez medidas inmediatas como primeros pasos hacia el comunismo, que iban desde un impuesto progresivo sobre los ingresos y la abolición de la herencia, hasta la educación libre para todos los niños. Cerraba con las palabras: “Los proletarios no tienen nada que perder excepto sus cadenas. Tienen un mundo por ganar. ¡Trabajadores de todos los países, uníos!”

 

La Revolución repentinamente irrumpió en Europa en los primeros meses de 1848, en Francia, Italia y Austria. Marx había sido invitado a París por un miembro del gobierno provisional justo a tiempo para evitar la expulsión del gobierno belga. Cuando la revolución ganó en Austria y Alemania, Marx volvió al Rhin. En Colonia, abogó por una política de coalición entre la clase obrera y  la burguesía democrática, oponiéndose por este motivo al nombramiento de candidatos obreros independientes para la Asamblea de Frankfurt, y argumentando arduamente contra el programa de revolución proletaria defendido por los líderes de la Unión de Trabajadores. Coincidía con el juicio de Engels de que el Manifiesto debía ser archivado y la Liga Comunista disuelta. Marx presentó su política a través de las páginas de la Nueva Gaceta Renana, recientemente fundada, en junio de 1849, instando a una democracia constitucional y a la guerra con Rusia. Cuando el líder más revolucionario de la Unión de Trabajadores, Andreas Gottschalk, fue arrestado, Marx lo sustituyó y organizó el primer Congreso Democrático del Rhin, en agosto de 1848. Cuando el rey de Prusia disolvió la Asamblea prusiana en Berlín, Marx pidió armas y hombres para ayudar a la resistencia. Los liberales burgueses retiraron su apoyo al periódico de Marx, y él mismo fue acusado de diversos cargos, entre los cuales incitación al impago de impuestos. En su juicio se defendió con el argumento de que la corona estaba implicada en organizar una contrarrevolución ilegal. El jurado lo absolvió por unanimidad y con agradecimientos. Sin embargo, cuando la última lucha desesperada estalló en Dresde y Baden, Marx fue obligado al destierro como un extranjero el 16 de mayo de 1849. El último número de su periódico, impreso en rojo, causó gran sensación.

 

Primeros años en Londres.

 

Expulsado una vez más de París, Marx fue a Londres en agosto de 1849. Iba a ser su hogar para el resto de su vida. Disgustado por el fracaso de sus propias tácticas de colaboración con la burguesía liberal, se volvió a unir a la Liga Comunista en Londres y durante un año abogó por una política revolucionaria más audaz. Un “Discurso del Comité Central a la Liga Comunista”,  escrito con Engels en marzo de 1850, instaba a que en futuras situaciones revolucionarias, lucharan para hacer la revolución “permanente”,  evitando someterse al partido de la burguesía y  poniendo en marcha “sus propios gobiernos revolucionarios de los trabajadores,” junto a cualquiera de la burguesía. Marx tenía la esperanza de que la crisis económica conduciría en breve a un resurgir del movimiento revolucionario. Cuando esa esperanza de desvaneció, entró en conflicto una vez más con aquellos a los que llamaba “los alquimistas de la revolución”, tales como August von Willich, un comunista que proponía acelerar la llegada de la revolución, emprendiendo aventuras revolucionarias directas. Tales individuos, Marx escribía en septiembre de 1850, sustituían idealismo por materialismo y consideraban

 

la voluntad pura como la fuerza motivadora de la revolución en lugar de las actuales condiciones. Mientras nosotros decimos a los obreros: “Tenéis que pasar quince, veinte, cincuenta años de guerras civiles y nacionales no solamente para cambiar vuestras condiciones, sino para cambiaros a vosotros mismos y estar cualificados para el poder político,” vosotros al contrario les decís, “hemos de conseguir el poder inmediatamente.”

 

La facción militante a  su vez, ridiculizaba a Marx por ser un revolucionario que limitaba su actividad a las clases de economía politica en la Unión para la Educación de los Obreros Comunistas. El resultado fue que Marx gradualmente dejó de asistir a las reuniones de los comunistas londinenses. En 1852 se dedicó intensamente a trabajar para la defensa de once comunistas arrestados y juzgados en Colonia bajo cargos de conspiración revolucionaria y  escribió un panfleto en su nombre. El mismo año publicó en una revista germano-americana, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, con un agudo análisis de la formación del estado absolutista burocrático con el apoyo del campesinado. En otros aspectos, los doce años siguientes fueron, en las palabras de Marx, años de aislamiento, tanto para él como para Engels en su fábrica de Manchester.

 

Desde 1850 hasta 1864 Marx vivió inmerso en la miseria material y el dolor espiritual. Sus fondos habían desaparecido, y excepto en una ocasión no pudo encontrar empleo remunerado. En marzo de 1850, él, su esposa y cuatro niños pequeños fueron desahuciados y sus pertenencias embargadas. Algunos de sus hijos murieron, -incluyendo un hijo, Guido, “un sacrificio a la miseria burguesa”, y una hija, Franziska, para la que su esposa tuvo que apresurarse frenéticamente intentando conseguir dinero prestado para un ataúd. Durante seis años la familia vivió en dos pequeñas habitaciones en el Soho, con frecuencia sobreviviendo a base de pan y patatas. Los niños aprendieron a mentirle a los acreedores: “Mr. Marx no está arriba.” Una vez tuvo que escapar de ellos huyendo a Manchester. Su esposa sufrió crisis nerviosas.

 

Durante todos estos años, Engels lealmente contribuyó al mantenimiento de Marx. Las sumas no eran muy grandes al principio, ya que Engels era solamente un administrativo en la firma de Ermen y Engels en Manchester. Más adelante, sin embargo, en 1864, cuando se convirtió en socio, sus subvenciones fueron generosas. Marx estaba orgulloso de la amistad de Engels y no toleraba que se le criticase. Donaciones de los familiares de la esposa de Marx y del amigo de Marx, Wilhelm Wolff, también ayudaron a aliviar sus problemas económicos.

 

Marx tuvo una fuente relativamente segura de ingresos en los Estados Unidos. Por invitación de Charles A. Dana, editor jefe del New York Tribune, se convirtió en 1851 en su corresponsal europeo. El diario, editado por Horace Greeley, tenía simpatías por el fourierismo, un sistema de socialismo utópico desarrollado por el teórico francés Charles Fourier. De 1851 a 1862, Marx aportó casi 500 artículos y editoriales (Engels hizo aproximadamente un cuarto de ellos). Abarcaban el entero universo político, analizando las agitaciones y movimientos sociales, desde la India y China hasta Gran Bretaña y España.

 

En 1859 Marx publicó su primer libro sobre teoría económica, Contribución a la crítica de la economía política. En su prefacio resumía de nuevo su concepción materialista de la historia, su teoría de que el curso de la historia depende de sus desarrollos económicos. En esa época, sin embargo, Marx consideraba  sus estudios de historia social y económica en el Museo Británico, su tarea principal. Estaba ocupado elaborando los borradores de su obra magna, que sería publicada más tarde como El Capital. Algunos de estos borradores, incluyendo los Esbozos y las Teorías de la Plusvalía, son importantes por derecho propio y fueron publicados tras la muerte de Marx.

 

Función en la Primera Internacional.

 

El aislamiento político de Marx acabó en 1864 con la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores. Aunque no era ni su fundador ni su jefe, pronto devino su líder intelectual. Su primer mitin público, convocado por los líderes de los sindicatos ingleses y los representantes de los obreros franceses, tuvo lugar en St. Martin’s Hall en Londres el 28 de septiembre de 1864. Marx, que había sido invitado a través de un intermediario francés a asistir como representante de los trabajadores alemanes, se sentó silenciosamente en la tribuna. Se nombró un comité para elaborar el programa y una constitución para la nueva organización. Tras varios borradores considerados insatisfactorios, Marx, que formaba parte de un subcomité, se sirvió de su inmensa experiencia periodística. Su “Discurso y normas provisionales de la A.I.T.”, a diferencia de otros escritos suyos, acentuaba los logros positivos del movimiento cooperativo y la legislación parlamentaria. La conquista gradual del poder político capacitaría al proletariado británico para ampliar estos logros a escala nacional.

 

Como miembro del Consejo General de la organización, y secretario responsable de Alemania, Marx  desde entonces asistió asiduamente a sus reuniones, que en ocasiones se celebraban varias veces a la semana. Durante varios años, mostró una especial capacidad diplomática para recomponer las diferencias entre los diversos partidos, facciones y tendencias. La Internacional creció en prestigio y miembros, alcanzando casi los 800.000 miembros en 1869. Obtuvo éxito en diversas intervenciones en representación de los sindicatos europeos enzarzados en luchas con sus patronos.

 

En 1870, sin embargo, Marx era aún desconocido como personalidad política europea. Fue la Comuna de París la que lo convirtió en una figura internacional, “el hombre mejor calumniado y más amenazado de Londres,” como escribió. Cuando la guerra franco-alemana estalló en 1870, Marx y Engels discrepaban con sus seguidores alemanes, que rechazaron votar en el Reichstag a favor de la guerra. El Consejo General declaró que “del lado alemán, la guerra era de carácter defensivo.” Tras la derrota de los ejércitos franceses, sin embargo, las condiciones alemanas crecieron hasta el ensalzamiento a expensas del pueblo francés. Cuando la insurrección estalló en París y la Comuna fue proclamada, Marx le prestó su apoyo inquebrantable. El 30 de mayo de 1871, después de que la Comuna fue aplastada, la saludó en un famoso discurso titulado La Guerra Civil en Francia:

“La historia no conoce un ejemplo comparable de grandeza…sus mártires están consagrados para siempre en el corazón de la clase obrera.”

 

A juicio de Engels, la Comuna de París fue el primer ejemplo en la historia de dictadura del proletariado. El nombre de Marx como líder de la Primera Internacional y autor de la notoria Guerra Civil, se convirtió en  sinónimo a lo largo y ancho de Europa, del espíritu revolucionario simbolizado por la Comuna de París.

 

La experiencia de la Comuna, no obstante, exacerbó los antagonismos dentro de la Internacional y de hecho implicó su hundimiento. Sindicalistas ingleses tales como George Odger, ex presidente del Consejo General, se opuso al apoyo de Marx a la Comuna. La Reforma Bill de 1867, que había dotado de derechos de ciudadanía a la clase obrera, había abierto vastas oportunidades para la acción política por parte de los sindicatos. Los líderes de los trabajadores ingleses pensaban que podían obtener avances prácticos cooperando con el Partido Liberal, y considerando la retórica de Marx como un alejamiento, se sentían molestos con la acusación de que se habían vendido a sí mismos a los liberales.

 

Una oposición de izquierdas también se desarrolló bajo el liderazgo del famoso revolucionario ruso Mijail Bakunin. Veterano de las prisiones zaristas, Bakunin conmovía a la gente con su oratoria, que un oyente comparó con “una tormenta furiosa con rayos, relámpagos y truenos, y un rugido como de leones.” Bakunin admiraba el intelecto de Marx, pero a duras penas podía olvidar que Marx había publicado un informe en 1848, acusándolo de ser un agente ruso. Bakunin pensaba que Marx era un alemán autoritario y un judío arrogante que quería transformar el Consejo General en una dictadura personal sobre los obreros. Se opuso con firmeza a algunas teorías de Marx, especialmente su apoyo  a la estructura centralizada de la Internacional, el punto de vista de Marx de que el proletariado debería constituirse en partido político contra los partidos dominantes, pero dentro del sistema parlamentario existente, y la creencia de Marx de que el proletariado, tras derrocar el estado burgués, debería establecer su propio régimen. Para Bakunin, la misión del revolucionario era la destrucción. Se inspiraba en el campesinado ruso, con su propensión a la violencia y sus instintos revolucionarios, antes que en la decadente y civilizada clase obrera  de los países industriales. Los estudiantes, confiaba, serían los oficiales de la revolución. Consiguió seguidores, sobre todo jóvenes, en Italia, Suiza y Francia, y organizó una sociedad secreta, la Alianza Internacional de la Democracia Social, que en 1869 retó la hegemonía del Consejo General en el Congreso de Basilea. Marx, sin embargo, ya había conseguido impedir su admisión como una facción organizada dentro de la Internacional.

 

Para los Bakuninistas, la Comuna de París era un modelo de acción directa revolucionaria y la refutación de lo que consideraban el comunismo autoritario de Marx. Bakunin empezó a organizar secciones de la Internacional para atacar la supuesta dictadura de Marx y el Consejo General. Marx en respuesta, dio publicidad al embrollo de Bakunin con un inescrupuloso líder estudiantil ruso, Sergei Nechaiev, que había practicado el chantaje y el asesinato.

 

Sin un ala derecha que le apoyase y con la izquierda anarquista contra él, Marx temía perder el control de la Internacional a favor de Bakunin. También quería volver a sus estudios y acabar El Capital. En el congreso de la Internacional en La Haya, en 1872, el único al que asistió, Marx consiguió derrotar a los bakuninistas. Entonces, para consternación de los delegados, Engels planteó que la sede del Consejo General sería transferida de Londres a New York. Los bakuninistas fueron expulsados, pero la Internacional languideció y finalmente se disolvió en Filadelfia en 1876.

 

Los últimos años.

 

Durante la última década de su vida, las energías creativas de  Marx decayeron. Estaba afectado por lo que él llamaba “depresión mental crónica”, y su vida se orientó hacia su familia. Fue incapaz de de completar ningún trabajo importante, aunque leía mucho y empezó a estudiar ruso. Se volvió malhumorado en sus opiniones políticas. Cuando sus propios seguidores y los del revolucionario alemán Ferdinand Lasalle, un rival que creía que las metas socialistas deberían ser conquistadas mediante la cooperación con el estado, se unieron en 1875 para fundar el Partido socialdemócrata alemán, Marx escribió una crítica ácida de su programa ( el llamado programa Gotha), denunciando que mantenía demasiados compromisos con el status quo. Los líderes alemanes aparcaron sus objeciones e intentaron moderarlo personalmente. Cada vez más, apostaba por una guerra europea contra Rusia para derrocar el zarismo, principal baluarte de la reacción, en la esperanza de que eso reviviría las energías políticas de la clase obrera. Le conmovió lo que él consideró el coraje altruista de los terroristas rusos que asesinaron al zar Alejandro II en 1881. Marx lo veía como “medios de acción históricamente inevitables.”

 

A pesar de haberse retirado de la actividad política, aún mantuvo lo que Engels llamaba su “influencia peculiar” sobre los líderes del movimiento socialista y obrero. En 1879, cuando la Federación francesa de trabajadores socialistas se fundó, su líder, Jules Guesde, fue a Londres a consultar con Marx, que dictó el preámbulo de su programa y dio forma a gran parte de su contenido. En 1881, Henry Mayers Hyndman en su Inglaterra para todos, se basó ampliamente en sus conversaciones con Marx, pero lo irritó por mostrar miedo de reconocerlo por su nombre.

 

En sus últimos años, Marx pasó mucho tiempo en establecimientos sanitarios e incluso viajó a Argel. Quedó destrozado por la muerte de su esposa el 2 de diciembre de 1881, y de su hija mayor Jenny Longuet el 11 de enero de 1883. Murió en Londres, al año siguiente, debido a un absceso pulmonar.

 

El personaje y su significación.

 

En el funeral de Marx en el cementerio de Highgate, Engels declaró que Marx había hecho dos grandes descubrimientos, la ley de desarrollo de la historia humana y la ley del movimiento de la sociedad burguesa. Pero “Marx fue antes que cualquier otra cosa un revolucionario.” Fue “el mejor odiado y más calumniado hombre de su tiempo,” aunque también murió “amado, reverenciado y llorado por millones de obreros revolucionarios.”

 

Las emociones contradictorias que Marx engendró, se reflejan en los aspectos, a veces conflictivos, de su carácter. Marx era una combinación de rebelde prometeico y de intelectual riguroso. Provocó en muchas personas una impresión de arrogancia intelectual. Un escritor ruso, Pavel Annenkov, que observó a Marx en un debate en 1846, recordaba que “ hablaba solamente en imperativo, sin tolerar contradicciones,” y parecía ser “la personificación de un dictador democrático tal como se le podría aparecer a uno en un momento de fantasía.” Pero Marx, obviamente se sentía incómodo frente a audiencias masivas, y evitaba el ambiente de las controversias entre facciones en los congresos. No acudía a las manifestaciones, señalaba su esposa y raramente hablaba en reuniones públicas. Se mantuvo alejado de los congresos de la Internacional, donde los grupos socialistas rivales debatían resoluciones importantes. Era un hombre de pequeños grupos, que se sentía en casa en el ambiente del Consejo General o en la redacción de un diario, donde su carácter podía impresionar vigorosamente a un pequeño equipo de colegas de trabajo. Al mismo tiempo, evitaba encontrarse con académicos distinguidos con los que pudiera haber discutido cuestiones de economía y sociología, desde una posición de igualdad intelectual. A pesar de su gran envergadura intelectual, era presa de ideas obsesivas tales como que el ministro de exteriores británico, Lord Palmerston, era un agente del gobierno ruso. Estaba decidido a no dejar a la sociedad burguesa hacer de él una máquina de hacer dinero,  aunque admitió vivir gracias a la generosidad de Engels y a las donaciones de sus familiares. Fue un eterno estudiante en sus formas y hábitos de vida, hasta el punto de juntarse con dos amigos para una travesura de estudiantes, en la que sistemáticamente rompían cuatro o cinco farolas en alguna calle de Londres y después huían de la policía. Era un gran lector de novela, especialmente las de sir Walter Scott y Balzac. La familia rendía culto a Shakespeare. Fue un padre afectuoso que decía admirar a Jesús por su amor a los niños, aunque sacrificó la vida y la salud de los suyos. De sus siete hijos, tres hijas crecieron hasta ser adultas. Su favorita, Eleanor, le preocupaba por su carácter nervioso, emotivo y taciturno, y por su deseo de ser actriz. Otra sombra cayó sobre la vida doméstica de la familia, por el nacimiento de un hijo ilegítimo, Frederick, de su fiel sirvienta Helene Demuth. Engels confesó antes de morir, a Eleanor, que Marx era el padre. Por encima de todo, Marx era un luchador, dispuesto a sacrificar cualquier cosa en la batalla en pro de su concepción de una sociedad mejor. Él veía la lucha como la ley de la vida y la existencia.

 

La influencia de las ideas de Marx ha sido enorme. La obra maestra de Marx, El Capital, la Biblia de la clase obrera, como se la describió en una resolución de la Internacional, se publicó en 1867 en Berlín, y tuvo una segunda edición en 1873. Sólo el primer volumen se completó y publicó en vida de Marx. El segundo y tercer volúmenes, inacabados por Marx, fueron editados por Engels y publicados en 1885 y 1894. Las categorías económicas que empleaba eran las de la economía británica clásica de David Ricardo. Pero Marx las usaba de acuerdo con su método dialéctico, para argumentar que la sociedad burguesa, como cualquier organismo social, debe seguir su camino inexorable de desarrollo. Mediante la acción de tendencias inmanentes tales como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, el capitalismo moriría y sería reemplazado por otra sociedad más elevada. Las páginas más memorables del Capital son los pasajes descriptivos, extraídos de los Libros Azules del Parlamento, sobre la miseria de la clase obrera inglesa. Marx creía que esa miseria aumentaría, mientras que al mismo tiempo el monopolio del capital devendría en grilletes sobre la producción, hasta que finalmente “llegue la hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores serán expropiados.”

 

Marx nunca reivindicó haber descubierto la existencia de las clases y la lucha de clases en la sociedad moderna. Los historiadores burgueses, reconocía, la habían descrito mucho antes que él. Reclamaba, sin embargo, haber probado que cada fase de desarrollo de la producción estaba asociada a una estructura de clases correspondiente, y que la lucha de clases llevaba necesariamente a la dictadura del proletariado, marcando el inicio de una sociedad sin clases. Marx retomó las distintas versiones de socialismo concurrentes a inicios del siglo XIX, y las fusionó en una doctrina que continuó siendo la versión dominante de socialismo durante medio siglo después de su muerte. Su énfasis en la influencia de la estructura económica sobre el desarrollo histórico demostró tener una significación duradera.

 

Aunque Marx acentuó los asuntos económicos en sus escritos, su impacto mayor ha sido en los campos de la sociología y la historia. La mayor contribución de Marx  a la teoría sociológica fue su modo general de análisis, el modelo dialéctico, que considera cada sistema social como poseedor de fuerzas inmanentes que entran en contradicciones que pueden ser resueltas solamente por un sistema social nuevo. Los neomarxistas, que no aceptan el razonamiento económico de El Capital, aún se guían por este modelo en su análisis de la sociedad socialista. En este sentido, el modo de análisis marxista, como los de Maltus, Spencer o Pareto, se ha convertido en una de las estructuras teóricas que forman parte de la herencia recibida por los científicos sociales.

 

Lewis S. Feuer

David T. McLellan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obras

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